Redención en Colonia

Julen Lopetegui gana una Europa League con el Sevilla dos años después de ser destituido de la Selección Española a 48 horas de empezar el Mundial de Rusia. Había fichado por el Real Madrid, pero el técnico fue despedido del club blanco cuatro meses más tarde

Cuando sonó el silbato en Colonia, Julen Lopetegui lloró todo lo que se le había acumulado durante dos años. El técnico vasco buscaba a sus jugadores del Sevilla para abrazarlos, después de haber ganado la final de la Europa League por 3-2 al Inter de Milán en Alemania. Pero hace dos años, el panorama era muy distinto: Lopetegui era la cabeza de la Selección que iba a competir en el Mundial de Rusia con un equipo que, a ojos de los que saben, parecía tener opciones de hacer un muy buen campeonato.

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Pero con el Mundial a punto de empezar, el exportero profesional fichó como entrenador de un Real Madrid que acababa de ganar su decimotercera Champions League -su tercera Champions consecutiva, además-, y que se quedaba simultáneamente sin Zinedine Zidane y sin Cristiano Ronaldo. Fue destituido fulminantemente como seleccionador a 48 horas de empezar el Mundial. Y unos días más tarde pasaba a formar parte de la cultura popular con uno de los versos del ‘Himno Titular’ de Carolina Durante: “Lopetegui sonríe, Florentino paga bien”.

Pocos entrenadores dirían que no a una llamada del Real Madrid, del F.C. Barcelona o del Atlético. Pensar que Lopetegui aceptó esa oferta solamente por una cuestión económica es no entender nada de fútbol, ni probablemente de la vida. Y aunque hubiera aficionados del club blanco que desde un principio pensaran que Lopetegui no iba a encajar bien en el equipo -y el tiempo les dio la razón-, lo cierto es que las cosas fueron así, pero también pudieron ser de otra manera.

Su fichaje por el Madrid nacía de un pecado original a ojos de muchos. Lopetegui no solo se quedó sin entrenar a España en el Mundial, sino que además muchos le colgaron el cartel de traidor. La opinión pública estaba dividida sobre las causas de su destitución. “No se puede ser a la vez juez y parte, entrenador de un club como el Madrid y del equipo nacional”, decían unos. “Se lo han quitado de en medio por puro orgullo. Por despecho. No tiene sentido cambiar de entrenador a dos días de empezar”, decían otros.  “Es la mano negra de los merengues, que no quieren correr el riesgo de que su futuro entrenador fracase en Rusia”, decían unos cuantos. Como en las buenas tragedias, todo se precipitaba hacia el desastre. El hombre se veía superado por los acontecimientos.

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Apenas cinco meses después, en octubre del 2018, Lopetegui era despedido como entrenador del Real Madrid. El equipo se encontraba en un momento de transición, sí, pero en cualquier caso Lopetegui no obtuvo buenos resultados. Como en todas las relaciones que salen mal, no vale solo con que las partes sean buenas, tienen que funcionar bien como conjunto. Y aunque siempre hay razones para una ruptura, en muchos casos ni es útil ni honesto buscar culpables.

Pero el calvario de Lopetegui era redondo. El seleccionador sin Mundial, el juguete roto del Real Madrid. El hombre que se desmayaba en un vídeo de La Sexta de hace años y que se caía de bruces al suelo en directo. LOLpetegui. Un meme andante. Y acostumbrados como estamos a identificar a la gente con sus éxitos y fracasos, muchos olvidaban que, pese a haber naufragado, Lopetegui era un gran entrenador. Y él se iba a encargar de demostrarlo.

Pero para que haya segundas oportunidades, alguien tiene que dártelas. Y en esta historia, el que redime a Julen es Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, el director deportivo del Sevilla. Hay que ser muy valiente para confiar en un profesional tocado, en un entrenador que acaba de tener un tropiezo fuerte en su carrera y que está señalado por todos.

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Julen Lopetegui llega al Sevilla en verano de 2019, la temporada que será recordada por todos como la del coronavirus (o como la del primer año del virus, si somos realistas). Y en poco más de doce meses ha conseguido el cuarto puesto en La Liga, que clasifica al equipo para jugar la Champions League la temporada que viene, y un sexto título de la Europa League para el Sevilla.

El entrenador vive un momento dulce porque, esta vez sí, todo parece encajar: los jugadores y la afición van a muerte con su proyecto, y el club se identifica con él. Todo el mundo le felicita y reconoce su talento, incluso equipos rivales o quienes más le criticaron en el pasado. Y además cae bien. Parece íntegro, honesto, buena gente. Y aunque este cariño sea un espejismo en cierta manera, y efímero como todo, no por ello debe dejar de disfrutarlo.

Esforzarse es condición necesaria, pero no suficiente, para que las cosas vayan bien. En el deporte, como en la vida, hay que intentar no hacerse mala sangre si las cosas no salen como esperábamos. Por muy espectacular que sea la caída, hay que darse tiempo, ser humildes y seguir trabajando. Porque hay momentos en los que la suerte te sonríe, sí. Pero quien solo se fustiga, quien se recrea en que una vez pudo ser el rey del mundo en Rusia, jamás levantará una copa en Colonia. Y todo eso Julen lo sabe, y por eso llora.

Sergio Diez

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