VINAGRE CON PATATAS

VINAGRE CON PATATAS

“¿Crees que los adultos saben lo que hacen? Los adultos se inventan la vida a medida que avanza”. “Matinee” (1993), dirigida por Joe Dante

Me gustaba ver cómo se servía el vinagre sobre sus patatas fritas. No lo hacía siempre, pero era algo que siempre me había llamado la atención de mi padre. Podía aceptar que alguien les pusiera sal, que las bañaran en kétchup, incluso que jugaran con la mayonesa. ¿Pero vinagre? La barrera generacional era demasiado grande.

El otro día, en un ataque de alegre melancolía, me metí a recuperar las fotos de mi antiguo Tuenti. “Reconócelo: tú también has cambiado”, aparecía escrito en su página web. Desde luego me esperaba muchas cosas, pero que una empresa me reprochara el paso del tiempo no era una de ellas. Como red social, Tuenti dejó de utilizarse en el otoño del 2012, sin previo aviso. En un mundo tan internacional y conectado, todo el mundo se había pasado a Facebook. Y allí se quedaron flotando las últimas fotos de perfil, que representaban vidas que pudieron ser y que quizá no fueron (o que fueron, pero que crecieron y se apagaron). Por mucho que de vez en cuando nos enviaran mensajes del estilo: “¡¡Todos tus amigos están de vuelta en Tuenti!! Abre tu cuenta: no te lo pierdas”, no había quien se lo creyera.

Descargarte a día de hoy las fotos de tu Tuenti es reencontrarte con las capturas de momentos en los que todos estábamos más relajados y parecía sencillo dejarse llevar un poco. (Nunca debió dejar de serlo). En el Tuenti se aceptaban las fotos mal tomadas, con reflejos de flash y encuadres poco pensados. Las pocas selfis que se hacían se hacían en los baños o en los espejos de los ascensores. Todos parecíamos menos preocupados con lo que seríamos y más con lo que en ese momento éramos.

Desde que éramos pequeños, parecíamos empeñados en hacer algo que marcara la diferencia, el cuento de la vocación como remedio contra el barco que va sin rumbo. Éramos la generación que tenía que dar el salto. Pero no nos engañemos: los que vinieron por delante no hicieron tantos planes. Intentemos quitarle un poquito de intensidad a las cosas: no puede ser que lo que originalmente fue una suerte se vuelva en nuestra contra. Que después de esto la música se acaba y te llevas lo bailado. Y no es más fuerte quien más aguanta, ni quien viaja más cargado. No lo tenemos fácil, pero algo podrá hacerse.

Ahora, como ejercicio, me imagino al borde de los cuarenta, atolondrado y medio calvo -la genética es implacable-, encadenando un trabajo temporal detrás de otro, quién sabe si viviendo aún con mis padres (preferiría vivir por mi cuenta, eso está claro, pero lo demás me importa cada vez menos). Yo lo que quiero es estar a gusto, reírme y ser divertido. Generar buen rollo. Ver cine, leer libros y escribir cosas. Viajar de vez en cuando. Perder el tiempo, que es la mejor forma de gastarlo. Disfrutar, sin dejar de implicarme en la mejora de este extraño mundo en que vivimos. Y como decía Machado en su “Retrato” acudir  a mi trabajo para pagar con mi dinero “el traje que me cubre y la mansión que habito/el pan que me alimenta y el lecho en donde yago”. No deber nada a nadie y estar en paz, en definitiva.

En unos años me veo comiendo en cafeterías de menú del día, llevando siempre un libro conmigo, solo para dejarlo sobre la mesa con cualquier excusa y hacer algo más divertido, como empezar a hablar con cualquiera. Me veo anotando tonterías en las servilletas: versos que no conducen a ninguna parte o bromas sin gracia, fuera de contexto. Y todo esto se me ocurre ahora, mientras apuro una Coca-Cola light (o una Guinness, depende de cómo me imagines) en un pub de Inglaterra, donde me sonrío porque me doy cuenta de que he tenido que alejarme más de mil setecientos kilómetros de casa para empezar a servirme vinagre sobre las patatas fritas. Y no sé cómo decírselo a mi padre.

Sergio Diez, febrero del 2017

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Fotografía tomada por Mao Akagi

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2 comentarios en “VINAGRE CON PATATAS

  1. El futuro está ante ti Sergio, como tu quieras dibujarlo, puedes ponerle vinagre a las patatas y sentirte bien por hacerlo o elegir tu propia salsa y sentirte bien también. Tu decides siempre como te sientes, no te olvides de eso.
    Me gusta como te expresas y la sensibilidad que hay dentro de ti. Enhorabuena por dejar que salga y compartirlo.

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